ARTÍCULO EVALUACIÓN FORMATIVA
EVALUACIÓN
FORMATIVA
La
evaluación es un proceso permanente y sistemático a través del cual se recopila
y analiza información para conocer y valorar los procesos de aprendizaje y los
niveles de avance en el desarrollo de las competencias; sobre esta base, se
toman decisiones de manera oportuna y pertinente para la mejora continua de los
procesos de aprendizaje y de enseñanza (CNEB, 2016). Además, el enfoque utilizado para la
evaluación de competencias es siempre formativo, tanto si el fin es la evaluación
para el aprendizaje como si es la evaluación del aprendizaje. Ambos fines, son
relevantes y forman parte integral de la planificación de las diversas
experiencias de aprendizaje orientadas al desarrollo de las competencias. Por
lo tanto, deben estar integrados a dichas experiencias y alineados a los
propósitos de aprendizaje (CNEB, 2016).
La calidad del trabajo
docente depende en gran medida de la disposición y habilidad de los maestros,
tanto para evaluar los conocimientos de sus estudiantes durante el trabajo en
el aula, como para tomar decisiones que promuevan el aprendizaje. Desde esta
perspectiva, la preparación docente en el área de evaluación formativa puede
considerarse como una de las herramientas más poderosas para mejorar la calidad
de la educación a todos niveles (Black y Wiliam, 1998).
Los juicios que los
docentes hacen sobre las dificultades de aprendizaje de sus estudiantes juegan
un papel central en decisiones de gran importancia, tales como el tipo de
actividades educativas que los docentes seleccionan, el tipo de preguntas que
plantean en el salón de clases, las explicaciones que generan y los comentarios
que hacen sobre el trabajo de los alumnos (Stiggins y Conklin, 1992).
La evaluación formativa
se basa en el análisis de evidencia recolectada por los docentes que les
permiten hacer comentarios e implementar acciones para mejorar la comprensión
de los estudiantes. Este tipo de evaluación comúnmente involucra un proceso
cíclico en el que los maestros hacen visibles el pensamiento de los
estudiantes, realizan inferencias sobre del nivel de comprensión alcanzado y
actúan con base en la información disponible con el fin de alcanzar los
objetivos de aprendizaje establecidos (Cowie y Bell, 1999; Furtak, 2012).
La evaluación formativa
implica un reto para el docente, pues demanda conocimientos sólidos en la
disciplina, atención constante a las ideas expresadas por los alumnos,
reconocimiento de las dificultades de aprendizaje más comunes y familiaridad
con un repertorio de estrategias de enseñanza que respondan a las diversas
necesidades de los estudiantes (Atkin, Coffey, Moorthy, Sato y Thibeault, 2005;
Furtak et al., 2008).
El impacto de dicha
evaluación sobre el aprendizaje depende de la habilidad de los docentes para
formular preguntas que hagan visible el nivel de comprensión de los alumnos,
reconocer ideas productivas y dificultades conceptuales expresadas por los
estudiantes, generar interpretaciones adecuadas sobre el pensamiento de los
alumnos y seleccionar estrategias efectivas para resolver los problemas de
aprendizaje detectados (Bennett, 2011; Sadler, 1989). Los docentes deben poder
juzgar las respuestas de los estudiantes más allá de si son correctas o no,
para determinar si dichas ideas son un obstáculo o pueden contribuir al desarrollo
de aprendizajes significativos (Furtak, 2012; Levin, Hammer y Coffey, 2009;
Russ, Coffey, Hammer y Hutchison, 2009).
Es
común distinguir 2 tipos principales de evaluación formativa:
a) Evaluación
formativa formal, que incluye las preguntas o actividades planeadas por el
docente como parte de una lección o unidad de trabajo, con el objetivo de
obtener evidencia de aprendizaje en un grupo de alumnos.
b) Evaluación
formativa informal, la cual surge de manera espontánea en el aula y tiende a
enfocarse en la obtención de información sobre el aprendizaje cuando sea que la
oportunidad se presente (Cowie y Bell, 1999).
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